Salmuera, el tesoro perdido de los mexicanos

No hay nada más irritante en México que la desvergüenza del gobierno para morder la mano que le da de comer. Como si los ciudadanos fueran entes inanimados y los recursos del país no tuvieran dueño; unos cuantos se dedican a saquear, a robarnos lo poco que tenemos, y aquello que podrían ser posibilidades de progreso.

El enorme crimen de ESSA en Baja California, es una muestra de todo ello.

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Guerrero Negro, donde está situada esta empresa, es un pueblo de menos de 13 mil habitantes, cuya economía gira en torno a la explotación de la sal, un negocio altamente lucrativo, a nivel mundial, pero que a ellos no los beneficia en nada, más bien los mantiene en condiciones de pobreza.

ESSA es una paraestatal, cuya posesión es 51% del gobierno federal y 49% de la japonesa Mitsubishi la que, en contubernio con funcionarios mexicanos, se ha dedicado a exprimir el negocio para sí misma, y llevarse más de 400 millones de dólares anuales.

La sal de Guerrero Negro es, junto con la de Australia, la mejor del planeta, por su pureza del 99.5%, lo que la hace útil en prácticamente todos los procesos industriales y hasta en farmacéutica. Es, en pocas palabras, un recurso de México, que tendría que cuidarse y explotarse en favor del pueblo.

Sin embargo, el negocio de ESSA es venderle a Mitsubishi la sal al precio de la más barata y corriente, hasta menos de 15 dólares por tonelada, para que la japonesa se la lleve a revender al mercado internacional, con más de 70 dólares de ganancia.

Otro recurso millonario que se está yendo al caño, es la salmuera. Se trata de un producto residual de la explotación de la sal, útil también en la industria, y que ha llegado a venderse hasta en seis dólares la tonelada.

Parece un chiste, pero irrita mucho saber que ESSA se niega a comercializar la salmuera; en los años 90’s se le acusó por daños ecológicos, al lanzarla al mar. Hoy en día, la preocupación es que, más de 300 millones de toneladas, están almacenadas en contenedores, muy cerca de la “Reserva de la Biósfera, El Vizcaíno”, y de la “Laguna Ojo de Liebre”, hogar de la ballena gris, y Patrimonio de la Humanidad, por la UNESCO.

Si hubiera una filtración o un derrame, sería un ecocidio mayúsculo, por las altas concentraciones de cloruro de magnesio en la salmuera, que matarían toda posibilidad de vida, de manera inmediata.

Entre 2013 y 2014, estuvo al frente de la empresa, Jorge López Portillo Basave, quien resolvió el problema de la salmuera y vio en ella un negocio; por primera vez en la historia de ESSA, este producto fue comercializado, generando un contrato por 1,250 millones de dólares.

Luego de eso, y de manera inexplicable, López Portillo fue retirado del cargo y acusado de fraude y desvío de recursos. Hoy la salmuera sigue siendo almacenada, con el consecuente peligro que representa. Y de seguro, cuando se ahogue el niño, van a venir a querer tapar la cloaca, como siempre.

Gerardo Fernández Noroña, activista, ha denunciado la negativa de la empresa a subir el salario a los empleados, quienes este año pidieron un aumento de al menos 15% y el pago de utilidades, pero sólo lograron el 3%.  Él dice que con la venta de salmuera, se elevaría el valor del contrato de los trabajadores, hasta diez veces, pero la empresa no quiere.

Otra denuncia de Noroña, es el “auto atraco” que el gobierno mexicano se hace a sí mismo para complacer a Mitsubishi.

Además de que la japonesa tiene a todas sus filiales, trabajando el negocio de la sal mexicana, y llevándose las ganancias; su contrato como revendedor le permite abstenerse de todas las pérdidas, es decir, cualquier problema con la mercancía, durante el traslado, es cubierto inmediatamente por ESSA, lo que redunda en la devolución de hasta 260 millones de pesos anuales a Mitsubishi, por ese concepto.

No sólo venden la sal mexicana y se llevan el dinero, además le cobran a los mexicanos por hacerlo. ¡Negocio redondo!

Y como cereza podrida en el pastel, Baja Bulk Carriers –también de Mitsubishi– es dueña y controladora de los barcos que trasladan la sal, por lo cual le cobra a ESSA más de 300 millones de dólares anuales, y encima no le paga un peso de impuestos al país, al estacionar sus bienes en las Islas Marshall, paraíso fiscal ubicado en el Océano Pacífico.

Todo esto se resume en una cuestión: el gobierno federal está quebrando a ESSA a propósito, para después vendérsela a Mitsubishi a precio de remate. Los ganadores del negocio, por supuesto no son los mexicanos, sino funcionarios del gobierno de Enrique Peña Nieto, que van a cobrar una tajada multimillonaria, suficiente para mantener a generaciones y generaciones de sus familias, y salir huyendo del país al terminar el sexenio. Y sí, vaya que irrita.

@LosIrritantes

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