Y a las “bendiciones”, ¿quién las educa?

Casi todos los adultos coinciden en que los niños y jóvenes de hoy, están peor que nunca en la historia, hechos un verdadero desastre, desatados y sin control alguno o posibilidad de compostura.

En México la historia no es muy diferente. Si bien no hay una estadística al respecto, basta con voltear a ver alrededor para saber que la mayoría de los padres actuales han perdido el control de sus “bendiciones”, otorgándoles libre albedrío para que “vuelen” como pájaros, so pretexto de una educación moderna y anti-traumas.

Es irónico, pero la mayoría de los niños mexicanos de hoy, son capaces de dominar un teléfono inteligente en todas sus funciones, pero ignoran cosas tan básicas como el uso de las reglas de convivencia, para que sirve un pañuelo en la nariz o por qué a Benito Juárez le debemos la escuela laica y gratuita que tenemos hoy.

Hay una creencia generalizada de que las nuevas generaciones deben tener todo masticado, porque Internet así lo manda, pero bajo ese pretexto se están formando enormes montañas de pequeños inútiles, parásitos que al llegar a la vida adulta se frustran, no son capaces de enfrentarla, y mejor se convierten en millennials que viven con mamá hasta los 40 años.

Claro que más allá del enfrentamiento con la incapacidad humana de existir, el problema da como resultado una insatisfacción generalizada, enojo social porque nadie hace lo que quiere, “es muy difícil”, todos hacen lo que pueden, debido a que el tejido familiar no les dio las herramientas emocionales para luchar por sus sueños sin tener miedo a caerse.

Cada año los jóvenes mexicanos, entre 15 y 30 años, rebasan las estadísticas de suicidio. Entre el 5 y el 8% de todos ellos ha tenido ideas al respecto, y se calcula que para 2020 esa será la primera causa de muerte entre los menores de edad de este país.

El salto de 50 años hacia acá cambió demasiado la perspectiva de la vida en México. Antes la educación en casa era indispensable, un concepto mucho más importante que proveer dinero, estatus o incluso escuela, como si en aquel entonces todos supieran, por mera intuición, que lo aprendido en familia era la clave para salir adelante en la vida.

El querer pensar que ahora todo es más fácil, enfermó a la sociedad mexicana, la hizo comodina y destructora de las nuevas generaciones que, como animales de zoológico, no tienen idea de cómo salir a la calle a hacerse la vida.

Y no, no es cierto que la situación económica sea mucho más difícil o las oportunidades menores, lo que pasa es que “papases y mamases” quieren que sus inútiles “bendiciones” lleven el chupón a la escuela y tengan hora de siesta en la oficina, porque si no “se trauman”.

@LosIrritantes

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