Las vecindades están de moda

Con el aumento indiscriminado a las rentas en la Ciudad de México, los bajos salarios y una generación de nuevos adultos que no saben cómo empezar a ser responsables con sus vidas, el asunto de la vivienda pasa por un momento extraño.

Ahora está de moda el famoso “co-living”, una modalidad habitacional en la que varias personas, sin ser familia, habitan en la misma casa y cooperan para la renta, los gastos, etc.

De entrada suena bien, una especie de comuna moderna en la que puedes vivir con amigos, hacer fiestas diario y aminorar los gastos de mantener un hogar, como una especie de adolescencia eterna sin padres molestosos. Sin embargo, al menos en la Ciudad de México las inmobiliarias y los arrendatarios se están aprovechando del tema para poner en el mercado auténticas vecindades, edificios viejos y sin mantenimiento que bajo el mote de “co-living” tienen rentas estratosféricas, solamente porque está de moda y porque pueden ubicarse en barrios donde todos sueñan con vivir.

En pocas palabras lo que antes era vivir paupérrimamente en una vecindad, a precios mínimos porque no había más dinero, hoy el marketing lo ha convertido en un asunto de moda, estatus y glamur.

No, no es lógico, pero los mexicanos somos muy dados a caer en este tipo de modas, aún cuando no nos signifique ningún ahorro ni otra ventaja más que escribir en redes sociales que vivimos en la Condesa o la Roma.

Este tipo de conjunto habitacional viene de la mano con el fenómenos de la gentrificación, una estrategia de las inmobiliarias para tomar colonias que antes eran populares y con precios accesibles, y construir edificios modernos, con departamentos como huevos y cuyos precios no puede pagar casi nadie.

Al menos antes la población chilanga se distinguía perfectamente entre quienes habitaban vecindades en el centro y quienes vivían más alejados en grandes mansiones. Ahora todos quieren aparentar, pagan rentas millonarias y viven en deuda durante toda su vida con tal de estar dentro de la moda, así sea habitando un cuarto de azotea en el que no cabe ni su respiración.

@LosIrritantes

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